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La cultura cervecera en Alemania, el concepto de frío y el gran descubrimiento

 

 

La cultura de la cerveza en Alemania es un hecho que todos conocemos. Todos tenemos en nuestro imaginario a los alemanes sonrientes agarrados a una gran jarra de cerveza (¡no muy fría, por cierto!), celebrando el Oktoberfest. Nada más llegar a Berlín, quise sumarme a esta gran tradición y cultivar la que considero una maravillosa costumbre: la de beber cerveza en cualquier momento del día. Sin embargo, tras tener largas discusiones con camareros alemanes (algunos simpáticos y otros no tanto) sobre lo que una cerveza fría significa; después de dejarme una gran cantidad de dinero innecesario en enormes jarras de cerveza que me juraban y perjuraban que estaba fría (de la cual me dejaba más de la mitad; ¡no puedo con la cerveza caliente!), decidí que iba a comenzar mi etapa de abstinencia, haciéndome budista, chaman, yoghi o algo así ( aquí todo es posible) y cambiar la cerveza y el mundo alcohólico por el apfelschorle (deliciosa bebida a base de zumo de manzana natural y agua con gas de la que os hablaré en otra ocasión). 

Sin embargo, cuando ya mi cuerpo estaba en proceso de eliminar las toxinas para siempre y comenzaba a ver un poco de luz celestial, un amigo alemán me presentó lo que viene a llamarse Späti aquí en Berlín. ¿Y qué es eso? Os preguntaréis los que no habéis tenido la oportunidad de descubrir el apasionante mundo de los Spätis. Pues vienen a ser pequeñas tiendas de comestibles donde se puede vender de todo —y cuando digo de todo me refiero a todo—, donde los alemanes van a comprar cerveza y otras “delicatessen” (dicho con ironía, ya que lo que normalmente encuentras en los Späti es comida rápida o lo que ahora se conoce como basura). Estos establecimientos, en los que se pueden vender hasta instrumentos musicales, son pequeñas tienditas, como ya he indicado, que sirven alcohol barato y frío (ojo al dato, que esto es importante); algunas de las cuales ponen mesitas en el exterior y hasta tienen la gentileza de abrir toda la noche. Así que, para los alemanes —los cuales, en mi opinión, suelen hacer un mejor uso de la inteligencia que nosotros (quien quiera saber por qué lo digo, que se vaya a vivir a Alemania un tiempo…ahí lo dejo)—, se trata de pequeños oasis donde charlan con sus amigos hasta altas horas de la mañana sin dejarse los ahorros, el sueldo o las ayudas sociales que el job center les esté facilitando. Pueden quedarse en el mismo Späti o comprarse unas cervecillas, unas bolsas de patatas fritas, una pandereta e irse al parque a continuar la fiesta; ya que, en Alemania, disfrutar de la vida no está prohibido, señores. De hecho, hasta está bien visto. Muchos se escandalizarían si hubieran visto las cosas que yo he visto: gente que te sonríe por la calle y que hasta parece feliz, fiestas ilegales donde si te comportas civilizadamente nadie te molesta y hasta señoras y señores de 80 años dándolo todo en las pistas de baile más kinkys de la ciudad. Moraleja: Späti, cerveza fría, fiesta, libertad y sensación de que el mundo es infinito y multiforme y merece la pena descubrirlo.

Y hasta aquí hemos llegado por hoy. Quien quiera saber más que pregunte o calle para siempre.

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